Cuando Jahyun adoptó la postura, dejó de pensar en todo.
Salvo en una cosa:
darle una lección a ese gato insolente.
El espectro de música que había escuchado en esta vida era bastante amplio. Y, entre todo aquello, no le resultó nada difícil escoger la pieza adecuada.
«La indicada es esta.»
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi – “El Verano”, tercer movimiento.
Era la primera vez, tanto en su vida pasada como en la actual, que la interpretaba él mismo. Pero incluso ese hecho quedó bien atado en lo más hondo de su conciencia.
Jahyun tensó con fuerza cada parte de su cuerpo y, sin dar tiempo a nadie a detenerlo, dejó caer el arco de golpe.
—Ah...
Presto: muy rápido.
El arco y las cuerdas comenzaron a producir una fricción áspera y veloz, subiendo y bajando con violencia.
El tercer movimiento de Verano es la parte que revela la brutalidad de la estación.
Lo que nacía de aquellas cuerdas no era otra cosa que una tormenta.
Una tempestad salvaje donde los truenos gobiernan el cielo, los relámpagos castigan la tierra y la lluvia arrasa con incontables vidas al mismo tiempo.
Y en medio de todo eso, Jahyun abrió los ojos de par en par.
«La interpretación pertenece al intérprete.»
Su objetivo era dejar a ese descarado gato sin posibilidad siquiera de moverse.
Eliminó todo lo demás del mundo que estaba dibujando.
Desapareció el árbol que iba a recibir de lleno el rayo.
Se borró también el bosque sacudido por el vendaval.
Y los animales que se refugiaban de la lluvia, y las frutas rodando por el suelo, todo, absolutamente todo.
Solo quedó una llanura vacía.
La tormenta.
Los relámpagos cayendo una y otra vez.
Y—
«¡Ese gato y nada más!»
El pelaje esponjoso del animal empezó a erizarse.
La mirada relajada que había tenido hasta entonces se fue agrandando poco a poco.
Hasta abrió la boca, como sobresaltado.
«¿Y aun así no te apartas?»
Era más formidable de lo que esperaba.
Sí.
Si iba a llegar al punto de herir su orgullo, entonces como mínimo debía ser así de duro.
«¡Pero el que gana al final soy yo!»
Justo cuando la tormenta, que había aflojado por un instante, volvía a hincharse con más fuerza—
—¡Espera!
De golpe, el mundo que estaba siendo dominado por otro color desapareció por completo.
Jahyun, que tocaba como poseído, giró bruscamente la cabeza.
Lee Sooyoung le había agarrado el brazo mientras jadeaba un poco.
—...¿?
—Tú... tú...
¡Paf!
La mano de Lee Sooyoung le soltó un golpe seco en la espalda.
El dolor le hizo soltar el aire de golpe.
Iba a protestar, a preguntarle por qué demonios hacía eso, pero ella fue más rápida.
—Tú... al menos tienes que respirar...
—...¿Perdón?
Solo entonces Jahyun se dio cuenta de que estaba jadeando.
Su respiración era tan brusca, tan entrecortada, que parecía retumbarle dentro de la cabeza.
Hasta se mareó por un instante.
—Y además, hijo... ¿desde cuándo tocas el violín así...?
—¿Eh?
—No, no es nada. Olvídalo.
—¡Ejem!
Justo entonces, la sonora carraspera de su abuelo atrajo la atención de todos.
Lee Doosik giró la cabeza, como si intentara ocultar que hasta él mismo había contenido la respiración mientras Jahyun tocaba.
—Esto... ejem... la verdad es que lo hiciste muy bien.
—Ah...
—Sí. Con eso, supongo que esa cosita altiva ya se apartará.
Ah, claro.
Jahyun recordó por fin el objetivo que había olvidado un momento.
Bajó la vista.
El persa seguía allí, con los ojos todavía muy abiertos.
Pero seguía sin apartarse.
¿Era demasiado orgulloso? ¿O es que no había sido suficiente?
Espera. Entonces... ¿perdí yo?
Pensando eso, Jahyun extendió la mano hacia él—
—¿Eh?
El gato no reaccionó.
—No me digas...
Jahyun estiró el brazo y empujó suavemente al animal hacia un lado.
Se deslizó.
Con la misma rigidez exacta de antes, como si fuera una figurita de cerámica con forma de gato.
Toc.
Y luego cayó bajo el estuche, todavía en la misma postura.
—Eh...
Desconcertado, Jahyun se volvió hacia Lee Sooyoung y dijo:
—Creo que este se ha desmayado.
—...
—...
Los otros dos tardaron un momento en reaccionar.
—¿Eh?
—¿Qué?
La casa se convirtió en un pequeño caos.
Por suerte, cinco segundos después el gato dio un respingo y volvió en sí.
·
Por desgracia, el dúo entre Jahyun y Lee Sooyoung terminó cancelándose.
—Doosik, esto no puedo dejarlo pasar. Hoy no ha sido como siempre, ni de lejos.
—Bah, ¿y no será que se te han tapado los oídos?
—¿Crees que habría venido si solo lo hubiera oído por gusto? Me lo han pedido, pedazo de bruto.
El anciano que había llegado poco después de que Jahyun dejara de tocar no era cualquiera.
Tenía la misma edad que Lee Doosik y, además, había sido jefe del pueblo. Un hombre con demasiado peso en la aldea como para tomarlo a la ligera.
Después de hablar un rato con él, Lee Doosik volvió a entrar en la casa y miró a su hija y a su nieto.
—En fin. Así han quedado las cosas.
Era un pueblo donde vivían muchos ancianos.
Y, además, como estaban en invierno, no había trabajos agrícolas que hacer.
Lo natural era que los vecinos de Lee Doosik estuvieran durmiendo la siesta.
Y la interpretación tormentosa de Jahyun había destrozado aquel descanso.
«Ni aunque venga el rey se perdona que te arruinen una siesta.»
Era comprensible.
Jahyun miró de reojo a su madre, preguntándose si no estaría muy decepcionada.
—¿Estás bien, madre?
—¿Eh? ¿Por qué no iba a estarlo?
Pero, sorprendentemente, no mostraba nada parecido a la decepción.
Al contrario, observaba a su hijo con una satisfacción que casi rebosaba.
La verdad era que ya estaba tan llena de emoción que ni siquiera necesitaba tocar con él.
«Así que no había abandonado el violín.»
Y no solo eso.
¿Cuánto esfuerzo habría tenido que invertir para llegar a tocar así?
Además, había percibido que dentro de su hijo dormía un talento nada común.
Lee Sooyoung simplemente se sentía orgullosa de él.
«Así que... he tocado bastante bien, ¿no?»
Claro que Jahyun no podía leerle la mente.
Como ella no le decía nada en voz alta, solo podía adivinarlo por su mirada.
Y aquello era muy extraño, pero...
—Miau.
—Eh, quita de ahí.
Aunque lo apartara, el gato seguía volviendo a pegarse a su costado como si nada.
Y en sus ojos, al alzar la vista hacia él, incluso parecía haber admiración.
Jahyun había pensado que a partir de ahora saldría huyendo en cuanto lo viera.
Pero estaba ocurriendo justo lo contrario: lo seguía de aquí para allá como si nada.
Desde el punto de vista de Jahyun, era absurdo.
«Viendo cómo reacciona este, diría que lo hice bastante bien...»
Sentirse confirmado por un gato le parecía ridículo hasta a él mismo.
—Je, je. Parece que le has gustado muchísimo a ese pequeñajo.
—Pero el otro no está así.
Jahyun señaló con la cabeza al otro gato.
—Ese solo está imitando al que tienes al lado.
—¿De verdad?
Como si confirmara que era así, el otro se limitó a bostezar largamente desde el alféizar.
Al verlo, Jahyun empezó incluso a encariñarse con el que seguía pegándose a él sin importarle que lo apartaran una y otra vez.
—¿Cómo se llama?
—¡Jo, jo! ¿Qué pasa, que a ti también te parece adorable?
—Ejem...
Parecía que tanto en la familia paterna como en la materna todos eran torpes a la hora de expresar las cosas.
Hasta el mismo Jahyun podía darse cuenta, porque los labios se le quedaban pegados como si llevaran cola y le costaba horrores decir ciertas cosas.
Lee Doosik le dijo con total naturalidad:
—Si quieres ponerle nombre, ponéselo tú.
—¿Eh? ¿No tiene nombre?
—¿Y para qué iba a hacer falta? Con “este”, “ese” o “estos” ya basta y sobra.
Jahyun miró a su madre.
De alguna forma, le parecía que ella sí sería de las que pondrían nombres.
Al sentir la mirada de su hijo, Lee Sooyoung se encogió de hombros.
—Yo intenté ponerles alguno, pero no reaccionaban. Solo responden si los llamas como tu abuelo.
Ya veo.
Jahyun bajó la mirada hacia el gato que seguía mirándolo fijamente.
—Mmm...
Le acarició la cabeza.
El animal se quedó quieto.
Le rascó bajo la barbilla.
El gato empezó a ronronear, pero no esquivó el contacto en ningún momento.
—¿Qué te parece este?
Las orejas del gato se movieron una vez.
—Schnee.
Una palabra que, en la lengua de su vida pasada, significaba “nieve”.
Más que por su pelaje blanco, se le había ocurrido porque estaban en pleno invierno.
Pero daba igual.
Una vez dicho, no sonaba mal.
—...
«¿No le gusta?»
El gato no reaccionó.
¿No le convencía?
Tampoco se le ocurría otra cosa.
Entonces el animal se levantó de repente.
Se dio la vuelta y empezó a caminar con aires altivos.
Ver que el mismo que antes se empeñaba en pegarse a él ahora actuaba así le dejó una sensación extraña, entre alivio y desilusión.
Hasta se preguntó si no le habría puesto el nombre demasiado a la ligera.
—Miau.
Pero en ese momento, el gato se giró con toda calma hacia él y maulló una vez.
—¿Schnee?
—...
Cuando volvió a llamarlo por su nombre, el animal no respondió.
Solo meneó la cola.
Y lo hizo otra vez.
Y otra.
Solo cuando lo llamaba por su nombre.
La escena hizo que Lee Sooyoung y Lee Doosik estallaran en carcajadas.
—¡Jo, jo, jo! Mira nada más a ese condenado. Te trae loco por completo. Eso sí que es ser un gato de los pies a la cabeza. Admitelo, Jahyun, cuando te dio la espalda te sentiste decepcionado, ¿verdad?
Jahyun lo negó, pero era verdad.
—¡Felicidades, hijo! Después de todo, te ha aceptado. Eso es bueno, muy bueno.
«¿E-es así?»
Rodeado de las risas de los dos, Jahyun seguía sin tener muy claro si aquello era bueno o malo.
·
Al día siguiente, Jahyun empezó a prepararse para volver.
Aquel hogar rural se parecía bastante al entorno de su vida pasada, así que le apetecía quedarse más tiempo.
Pero también había decidido ayudar a su padre, y tarde o temprano tendría que regresar cuando empezaran las clases.
—Por cierto, hijo, ¿estás cuidando bien tu violín?
Se sobresaltó.
Porque hasta hacía unos días lo había dejado tirado en un rincón de la casa.
—Claro. Lo estoy cuidando bien.
Aunque la verdad es que pensaba compensarlo a partir de ahora.
—Y ven a visitarnos de vez en cuando. Tu abuelo se queda triste.
—¡¿Quién se queda triste?!
—¿Eh? Dice que no se queda triste. Entonces no vengas tan seguido. Mamá subirá a verte y...
—¡Ejem! ¡¿Cuánto más vas a seguir hablando así, reteniéndolo?! ¡Déjalo ir de una vez!
Ni siquiera el grito de su padre logró intimidar a Lee Sooyoung.
Al contrario, le guiñó un ojo a Jahyun y movió solo los labios.
Lo has oído, ¿verdad?
—Sí, lo he oído perfectamente.
Que quería que fuera a visitarlos a menudo.
Madre e hijo sonrieron como si se entendieran a la perfección.
Al verlos, Lee Doosik se dio media vuelta con las manos a la espalda y volvió a entrar en la casa.
—Ah, madre.
—¿Sí?
Jahyun dudó un momento, pero luego, como si se hubiera decidido, abrió por fin la boca.
—A partir de ahora lo haré mejor. No voy a seguir viviendo como antes.
—...Ay, hijo.
La reacción de su madre tardó un poco en llegar.
Lee Sooyoung alzó lentamente la mano y le acarició el pelo.
—No necesito nada más. Solo mantente sano. Con eso basta.
—...
Unas palabras bastante extrañas y, al mismo tiempo, increíblemente familiares.
Porque eran exactamente las mismas que su madre le había repetido una y otra vez cada vez que iba a verlo a Seúl.
Desde entonces hasta ahora, lo que ella deseaba nunca había cambiado.
—¿Y ya te vas a poner con los ojos rojos, como si se fueran a separar para toda la vida? Toma. Llévatelo contigo.
—¿...?
Lee Doosik salió otra vez de la casa y le plantó en las manos, sin previo aviso, un grueso bolso de viaje y un transportín para mascotas.
Dentro del transportín algo se movía.
—¿Schnee?
—Miau.
En cuanto Jahyun lo llamó, el persa blanco respondió al instante.
—Entré dentro y, como te habías ido, estaba junto a la puerta sin poder quedarse quieto. En esa bolsa de deporte hay comida y cosas para gatos, úsalas como quieras.
Bolsa de deporte.
Así llamaba su abuelo al bolso de viaje.
—¿Qué pasa? ¿No lo quieres? Pues me lo devuelves.
—N-no, no es eso. Solo que me ha pillado por sorpresa.
De repente se había convertido en dueño de un gato, pero no le parecía tan mala idea.
Si era sincero, aunque solo hubiera sido un día, ya se había encariñado bastante con aquel bicho que hasta se le había pegado al dormir.
—Y otra cosa.
—¿Sí?
Su abuelo no había terminado.
—Ejem. Cada vez que hagas algo bien, este viejo te dará un premio.
—¿Un premio?
—Sí.
Lee Doosik hablaba completamente en serio.
—Me dijiste que en la universidad estudias música clásica, violín, ¿no? Pues cuando hagas algo bien, ya sea relacionado con eso o con las notas, me mandas pruebas.
Y añadió:
—Que seas hijo de una familia rica o lo que sea no cambia el hecho de que ahora mismo tienes menos dinero que yo. Eso es... sí, eso que dicen ahora...¿Backto? ¿no? Backto ¡Jo, jo, jo! Este viejo va a hacer de abuelo como es debido.
# Nodeuzx:
Facto = Hecho
Entonces, a su lado, Lee Sooyoung murmuró con toda delicadeza:
—Papá, no es “backto”, es “facto”.
—...Ejem. Mientras se entienda la idea, basta. ¿Y tú por qué me estás corrigiendo por una tontería así?
—Pues porque... no es “backto”, es “facto”.
—¡He dicho que ya basta!
Ante la pequeña rutina cómica entre padre e hija, Jahyun no pudo evitar echarse a reír.
A ese paso, quizá la verdadera naturaleza de su abuelo no fuera otra que la de un hombre tremendamente travieso.