Fue pura casualidad.
Después de darle una lección a Lee Jun, Jahyun simplemente había salido al pasillo para despejarse un poco, y la sala de reuniones daba la casualidad de estar cerca de las escaleras.
Justo cuando iba a poner un pie en el tramo que llevaba al primer piso, un violín estalló en sus oídos.
En su vida pasada no lo conocía, pero en esta sí.
Era una pieza que conocía y, además, de uno de los grandes maestros que le gustaban.
Por instinto, se detuvo.
¿Conmovido?
No.
Porque el grito de aquel violín sonaba como un alarido.
Al principio dudó de sus propios oídos, pero antes de que pasara un segundo ya estaba convencido.
¿Cómo iba a ser una persona igual que una máquina?
Por muy artesano que fuera, cualquiera podía cometer errores de vez en cuando. Era posible construir un instrumento así de mal.
«Pero ese anciano no.»
La extraña sensación que había percibido antes con las yemas de los dedos se lo decía.
Aquel violín había sido asesinado con una intención clarísima.
Todo su cuerpo hirvió al instante.
Para un lutier, un instrumento es como un hijo nacido de sus propias manos.
¿Cómo podía haberlo terminado después de matarlo de esa manera?
«Aguanta. Aguanta hasta verlo otra vez con tus propios ojos y con estas manos.»
Aunque estaba prácticamente seguro, aún cabía la posibilidad de que todo hubiese sido de verdad un error.
Llamó a la puerta.
Entró.
Y examinó el instrumento.
La pequeña esperanza que había conservado se convirtió en una rabia aún mayor, y también en traición.
—Aunque sea mi hijo, esto que ha hecho no tiene ni pies ni cabeza. Tendrás que demostrar lo que acabas de decir.
Fue el presidente Lee Kangcheol quien habló.
—¡P-presiente, esto es una injusticia! ¡¿Cómo que un instrumento muerto, así sin más?!
El lutier dio un paso al frente de golpe. Tenía la cara roja y el cuerpo le temblaba.
A ojos de cualquiera, parecería la indignación de un artesano cuya obra acababa de ser insultada.
Pero Jahyun lo veía de otra manera.
Sí.
Como...
«Un ladrón al que le tiemblan las piernas porque teme que lo descubran.»
Ni más ni menos.
—Eso ya me encargo yo de demostrarlo. Démelo.
Jahyun extendió la mano.
—¿D-de qué está hablando?
—Lo trajo, ¿no? Alguna herramienta, para explicar algo como “lo tallé así y por eso salió este sonido”. Démelo. El cuchillo de talla.
Al final de la frase, Jahyun ni siquiera se molestó en mantener el tono formal.
El anciano logró decir con dificultad:
—P-pero hay distintos ti...
—El más fino.
La respuesta salió sin vacilar, y los viejos ojos del anciano se abrieron de par en par.
Primero desconcierto, luego sospecha, después negación... y al final, un horror incrédulo.
—Tsk.
Jahyun dejó plantado al lutier, paralizado, y rebuscó directamente entre el equipaje que había detrás.
—Aquí está.
Sacó una hoja apenas un poco más gruesa que una sierra de hilo.
—Primero haré una demostración de por qué esto es un instrumento muerto.
Pasó el arco por las cuerdas.
Jiing—
Al mismo tiempo, las cejas de Lee Kangcheol se movieron.
Aquella sensación...
Le resultaba familiar.
Era justo el detalle que le había chirriado mientras el joven tocaba. El mismo que había dejado pasar pensando que, al fin y al cabo, un violín de ciento veinte seguía siendo barato dentro de ese mundo.
—Extraño, ¿verdad? El sonido es demasiado agudo. Casi metálico.
Al oírlo, Lee Kangcheol comprendió al instante.
Ahora que Jahyun había puesto en palabras aquella sensación, la imagen se volvió nítida.
Y al mismo tiempo le surgió una duda.
«Aunque yo no sea un experto en música clásica, aquello era apenas una aspereza mínima. ¿La detectó? ¿Y desde fuera de la puerta?»
Mientras Lee Kangcheol seguía sorprendiéndose en silencio, Jahyun aflojó todas las cuerdas en un instante.
—El interior del violín está hueco. Por eso, cuando el sonido de las cuerdas se transmite hacia dentro, resuena y luego sale proyectado hacia afuera.
Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y dejó el violín sobre sus rodillas.
Luego hizo girar el fino cuchillo de talla entre los dedos.
—Entonces, ¿dónde está la “boca” por la que sale esa resonancia?
Apuntó con la mano a una parte concreta.
—Aquí. En los orificios en forma de f.
Aquellos agujeros abiertos a ambos lados del violín, con forma de f, eran justo eso.
Y en el momento en que los tocó, Jahyun frunció el ceño.
«Como pensaba... lo hizo con una sutileza enfermiza.»
La razón por la que estaba seguro de que se trataba de un instrumento muerto.
Los orificios eran apenas más estrechos de lo que deberían.
Y en ambos lados, además.
Exactamente iguales, como si los hubieran medido con una regla.
—La parte superior e inferior del orificio en forma de f se parece un poco a la curva de la letra i. Y entre medias se estrecha como una gota que cae.
Tal como él decía, aquellos agujeros se afinaban hacia arriba y hacia abajo.
—Por eso esta parte es tan importante. Si al tallarla la dejas demasiado estrecha, luego, en el proceso de barnizado, el tinte penetra y termina cerrando aún más el paso.
Alguien podría reírse y decir que cuánto puede influir una capa de barniz líquido.
Pero basta esa diferencia para alterar por completo la forma en que responde el instrumento.
Porque cuanto más estrecho sea el orificio en f, más punzante se vuelve el sonido.
Justo como acababa de sentir Lee Kangcheol.
Y entonces—
—¡¿Eh?!
—¡¿Qué está haciendo?!
El anciano y el joven exclamaron horrorizados.
Jahyun acababa de darle la vuelta al violín y, por la parte inferior, había metido el cuchillo directamente por uno de los orificios en f.
Aunque desde abajo ya ni siquiera pudiera verse bien el hueco,
su mano siguió moviéndose sin darles tiempo a detenerlo.
Ssshk—
Una viruta de madera, fina como papel, cayó al suelo.
La mano de Jahyun se movía como un relámpago.
Ssshk, ssshk.
Retocó la parte superior y enseguida pasó a la inferior, y luego hizo lo mismo con el orificio del lado opuesto.
—...
—...
Ni siquiera Lee Kangcheol pudo evitar quedarse atónito.
Meterle cuchillo a una obra ya terminada era algo inaudito.
Un violín era una pieza artística en sí misma. Lo que Jahyun estaba haciendo equivalía a rasgar parte del lienzo de un cuadro terminado.
Y, encima, hacerlo sin siquiera mirarlo...
La mano de Jahyun no había titubeado ni una sola vez, así que acabó tan rápido como había empezado.
Volvió a tensar las cuerdas, tomó el arco y se levantó.
—Seguro que tiene muchas cosas que explicar.
Sus ojos afilados atravesaron al anciano.
—Por qué estrechó a propósito el paso de la f de una forma tan sutil. Por qué hizo algo destinado a matar el instrumento.
Una manipulación deliberada, ajustada para que, cuando la evaluara un experto, pudiera ser despedazada como “un producto defectuoso que pretende aparentar calidad”.
—¿Tiene algo más que decir?
Pero del anciano, con el rostro desencajado, no salió respuesta alguna.
—Huuu...
Jahyun dejó a un lado sus emociones por un momento.
Y volvió a mirar solo el instrumento que acababa de devolver a la vida.
Solo con eso, su corazón empezó a serenarse.
—Entonces...
Por fin, el arco se alzó en diagonal con suavidad y, como si diera fe de aquella resurrección, rozó una sola cuerda fluyendo como el agua de un arroyo—
—Ah...
El sonido que brotó fue tan hermoso, tan diferente, que todos quedaron estremecidos.
·
Después de desalojar a todo el mundo y regresar a sus habitaciones privadas, Lee Kangcheol inició una videollamada nada más entrar.
Al poco rato, en la pantalla apareció un hombre de mediana edad con bastantes canas.
—Cha Jaewon, viejo amigo. ¿Cómo has estado?
—¡Pero si es el presidente Lee! Hasta se ha molestado en llamarme. Ja, ja, ja. Yo sigo como siempre.
Cha Jaewon.
A simple vista parecía un hombre menudo y corriente, pero no era alguien a quien pudiera menospreciarse.
Porque era el único lutier coreano cuyo nombre había logrado llegar hasta el extranjero.
Ese era Cha Jaewon.
Los violines nacidos de sus manos ya se cotizaban entre los diez y los veinte millones de wones.
Claro que, comparados con los instrumentos nuevos usados por los grandes profesionales, que normalmente partían de los treinta millones, aún quedaban lejos.
Pero Lee Kangcheol lo sabía.
No era que los violines de Cha Jaewon fueran inferiores.
Simplemente, su nombre aún no había acumulado décadas de prestigio como las grandes casas italianas y similares.
—¿Qué le parecieron los artesanos que le recomendé?
—Todos y cada uno de ellos son excelentes.
—Menos mal. Después de todo, eran colegas más jóvenes que seleccioné personalmente.
Al prepararse para introducir la producción semindustrial-semiartesanal, Taehyun Instrumentos necesitaba, por supuesto, aumentar el número de lutieres.
Durante los últimos tres años, como todo había sido producción completamente industrial, un solo anciano había bastado.
Pero ahora no podían permitirse que el ritmo de la parte semimanual se ralentizara por falta de artesanos.
Cha Jaewon oyó la noticia justo en ese momento y elaboró una lista de recomendados.
Y, tratándose de personas elegidas por él, tanto su nivel actual como su potencial de crecimiento eran sobresalientes.
Con un ojo tan fino para juzgar a otros, ¿cómo sería él mismo como artesano?
Pensando en eso, Lee Kangcheol no pudo evitar dejar escapar una pregunta cargada de pesar.
—¿Sigues sin intención de venir a trabajar conmigo?
—Ja, ja, ja... Por mí, no estaría mal, pero...
—Era una broma. No soy un hombre que se dedique a aplastar el orgullo ajeno.
Era alguien que, habiendo aprendido a fabricar violines hacía apenas veinte años, había llegado hasta aquella posición.
Un verdadero artesano obsesionado no con fabricar “productos”, sino con crear “obras” propias.
—En realidad te llamé porque quería preguntarte algo.
—¿A mí?
Lee Kangcheol le explicó lo ocurrido hacía un rato.
Por supuesto, omitiendo por completo al verdadero protagonista del incidente y planteándolo todo como un simple “supongamos que”.
Después de escucharlo hasta el final, Cha Jaewon dio su opinión, y la llamada terminó.
—...
El silencio se instaló en la habitación privada del presidente Lee.
La luz cálida del sol entraba recortada por los marcos angulosos de la ventana.
El polvo, que antes flotaba en el aire, acabó por asentarse, y el ángulo de la luz cambió apenas un poco antes de que Lee Kangcheol abriera finalmente los labios.
—“Imposible”, dices...
Ante la pregunta de si él sería capaz de hacer algo así en una situación como la descrita, Cha Jawon no había dudado ni un segundo al responder.
—Primero tendría que aclarar esto.
—Los orificios en forma de f no se hacen una vez que la tapa, el fondo y los aros del violín ya están unidos.
—Hay que tallarlos antes de ensamblar esas tres partes. Y en ese proceso, uno va golpeando la tapa, comprobando si la resonancia es adecuada o si se ha desequilibrado en algún punto. Es algo extremadamente complejo.
—Así que eso de corregir un instrumento ya terminado, sin separar nada...
Cha Jaewon había fruncido un poco el ceño mientras pensaba.
Y enseguida, al dar con una comparación apropiada, añadió:
—En pocas palabras, ese “supongamos” del que habla, presidente, sería como ponerse a soldar a ojo una placa base compleja... sin siquiera desmontar la carcasa del ordenador.
Al oírlo así, Lee Kangcheol entendió al instante a qué se refería.
—Suena absurdo, ¿verdad? Pues eso mismo quería decir: es algo fuera de toda lógica. Con estos instrumentos, basta un error en la punta de los dedos para que uno que valía cien millones caiga de golpe a treinta.
—Pero si realmente existiera alguien capaz de hacer algo así... y encima sin siquiera darle la vuelta antes de hacerlo... bueno.
Cha Jaewon se quedó callado un instante.
Y luego, con una sonrisa incómoda, como si estuviera diciendo una broma imposible, comentó:
—Entonces quizá solo podría tratarse de un genio irrepetible... Antonio Stradivari. ¡Ja, ja, ja!
Antonio Stradivari.
Aun siglos después, seguía siendo el nombre legendario que representaba a Stradivari, una de las dos casas más célebres del mundo del violín.
—Mmm...
Lee Kangcheol siguió pensando un rato, y luego volvió a coger el teléfono.
—Kim, sube un momento a mi habitación.
·
—Hemos llegado.
Al mirar por la ventanilla, efectivamente, allí estaba la villa donde vivía.
Kim abrió la puerta del coche y Jahyun salió.
—Adelante. Yo llevaré eso.
—Gracias.
Kim, cargado con varias bolsas de comida preparada, siguió en silencio detrás de Jahyun.
Mientras esperaban el ascensor, habló de repente.
—El sitio que iba a patrocinar a ese estudiante es una empresa nacional de instrumentos bastante grande. Fueron ellos quienes hicieron esa petición.
Jahyun se había marchado de la sala de reuniones en cuanto todo terminó, así que no había oído los detalles.
Y si ahora Kim, que tampoco había estado presente, se los contaba, entonces sin duda se trataba de un mensaje de su padre.
—Ese anciano no es un lutier especialmente conocido. Aunque el presidente lo descubrió, no era un experto de primer nivel.
Jahyun asintió como si fuera lo más natural.
—Ya me lo imaginaba. ¿Qué lutier va a rebajarse a sí mismo fabricando algo por debajo de su nivel? Seguro que solo pudieron conseguir a alguien que encajara con el nivel actual de Taehyun Instrumentos.
En cualquier campo, los tipos a los que llaman artesanos jamás hacen las cosas a medias, ni siquiera por descuido.
Su orgullo lo es todo.
Ni siquiera él, siendo esclavo, había dejado una sola vez de dar lo mejor de sí.
Así que el simple hecho de que el anciano aceptara una exigencia como aquella ya permitía imaginar de qué nivel era.
Ding—
Las puertas del ascensor se abrieron y ambos entraron.
Jahyun pulsó el botón de su planta.
—Al parecer, era un hombre lleno de deudas. Pero como su capacidad no era gran cosa, el sueldo que recibía como asesor de Taehyun Instrumentos no podía ser muy alto.
Sonaba frío, pero así era la realidad.
El mundo no era un jardín de flores.
—Y cuando Taehyun pasara de la producción semimanual a la artesanía completa, con ese nivel suyo tampoco podría conservar con seguridad su puesto de asesor.
Lo más probable.
Buscarían a alguien mejor, y el anciano pasaría de asesor a simple lutier raso.
Al llegar a ese punto, Jahyun por fin entendió por qué había hecho algo así.
Y, sin pensar, habló.
—O sea que el mercado nacional de instrumentos ya era pequeño porque Francia, Italia y Japón se llevaban casi todo el pastel... y ese hombre prefirió hundir a Taehyun Instrumentos desde la base antes que tener que repartir lo poco que quedaba.
—...!
Kim se quedó rígido.
Era exactamente lo mismo que había dicho Lee Kangcheol.
Sin darse cuenta de ello, Jahyun continuó:
—Es una jugada difícil de tocar. Le habrán prometido pagarle las deudas y patrocinar al nieto, pero pruebas no habrá, claro.
—...Así es. Se reunieron bajo el pretexto del patrocinio, así que no iban a grabar una conversación cara a cara.
—Sin pruebas, si metes mano en esto, solo parecerá abuso de poder de un gran conglomerado.
—Eso también... es cierto.
Aunque lograran atraparlos, la otra empresa podría lavarse las manos diciendo que no había sido más que un error personal del lutier.
Y, si además llevaban la guerra de opinión pública a las redes sociales, que corren más rápido que las noticias, estarían perdidos.
La palabra “gran empresa” tenía una imagen pública demasiado fácil de sazonar con malicia.
Cien de cada cien veces, aquello terminaría en una pelea sucia.
Y aunque ganaran, sería una victoria muy cercana a una derrota.
—Un callejón sin salida perfecto.
A ese nivel, casi parecía que la otra compañía tuviera a la reencarnación de Zhuge Liang trabajando para ellos.
# Nodeuzx:
Zhuge Liang es un estratega legendario de la época de los Tres Reinos de China, famoso por su inteligencia, capacidad de planificación y maniobras casi imposibles.
“Ese plan fue tan astuto y calculado que parece obra de un genio estratega.”
Ding—
La puerta del ascensor se abrió.
Al poner el dedo en el lector de la cerradura digital frente a su apartamento, la puerta se abrió con suavidad.
Y justo antes de cruzar el umbral, Jahyun se volvió de repente y dijo:
—Entonces, ¿eso es todo?
—¿Perdón?
Jahyun bajó el tope de la puerta y, mirando de frente a Kim, habló con total seguridad.
—Todo eso son palabras de mi padre... no, del presidente Lee.
—...
—Entonces, al final de todo eso, habrá una propuesta para mí, ¿no? No como padre e hijo, sino como empleador y posible empleado.
—...!
En los oídos de Kim resonó la conversación que había tenido con Lee Kangcheol.
—Con lo que hizo hoy en esa sala, el pequeño me mostró algo que tiene. Jamás se me habría ocurrido que fuera habilidad con el violín, pero aun así.
—Entonces...
—Claro que no pienso tomar una decisión precipitada con solo haberlo visto una vez. Así que...
Recordó el brillo en los ojos del presidente.
Y aquella sonrisa divertida con la que había rematado la conversación.
—“Hazle la propuesta cuando llegue el momento adecuado”.
Esas palabras salieron ahora de la boca de Kim.
—¿Le interesaría fabricar instrumentos oficialmente para Taehyun Instrumentos?
Jahyun no se sorprendió en absoluto.
Simplemente sonrió de lado.